En los últimos años se ha generalizado la creencia de que la empresa privada es la única organización humana eficaz y eficiente mientras que   el sector público es todo  lo contrario. Sin embargo a los que desde hace años trabajamos  para  empresas privadas, no nos deja de sorprender  la alta eficacia que se puede alcanzar desde la mas absoluta ineficiencia empresarial  y como la actuación  del sector público   reproduce,  de modo inverso,  el mismo  patrón.  Es la “Paradoja de los bombardeos” que describió el  economista canadiense John Kenneth Galbraith. Cuanto más  precisos   eran los bombardeos  aliados sobre Alemania, mas crecía el índice de producción industrial nazi.

En Galicia existe un sector que en plena crisis económica crece a un ritmo de dos dígitos anuales, crea empleo, muchos de ellos para  discapacitados, y exporta a Europa la mayor parte de su producción. También  fija población, especialmente femenina,  en el rural y contribuye al desarrollo  sostenible. Todo ello a pesar del maloso cuello de botella  de la gran distribución comercial. Paradójicamente  este prodigio de la eficiencia empresarial  se consigue desde  unos notables niveles de ineficacia. Muy pocas de sus empresas se diferencia mediante  una marca comercial reconocida, muchos   carecen de correo electrónico, cobertura telefónica móvil y  presencia en “internet”  porque trabajan  en lugares  donde  la calidad de estos servicios es muy baja. Como no podía ser de otro modo en Galicia, el minifundio y el individualismo son la regla. Por si el lector no se había dado cuenta se trata de la agricultura ecológica.

A pesar de que  la agricultura ecológica ni da muchos votos ni permite inaugurar   infraestructuras emblemáticas, sí merece la atención más o menos acertada de las políticas públicas. Estudios de mercado, diagnósticos DAFO, planes estratégicos, asistencias técnicas  y comerciales  y  numerosas ayudas financieras.  Una batería de  medidas muy eficientes pero muy poco eficaces ya que a pesar de su espectacular comportamiento, la agricultura ecológica en Galicia presenta un perfil competitivo  muy por debajo  de sus colegas de Andalucía, Extremadura  o Castilla – La Mancha. En otras palabras, alguien, público o privado,  no lo está haciendo bien.

Mientras tanto el mercado se mueve mucho y rápido. El incremento del nivel económico y cultural de los consumidores, el miedo a la inseguridad alimentaria y el gusto por la vida sana, hacen que la demanda mundial de alimentos ecológicos crezca  exponencialmente. Las redes sociales facilitan un mayor y mejor conocimiento de productos y productores y los nuevos canales logísticos acortan la distancia  entre  oferta y demanda. Todo un conjunto de atractivas oportunidades que pueden ser fácilmente convertidas en fortalezas por otros   operadores igual de eficaces pero  mucho más eficientes. Para entonces la competencia de “países terceros” podría ser  nuevamente, la principal  amenaza para el sector en Galicia.