Lo verde y ecológico, aunque no se sepa a ciencia cierta que significa, está de moda. Desde principios del siglo en curso la cantidad de información sobre ecología en los medios ha crecido de modo exponencial. Esto es debido a una creciente sensibilidad social acerca de todo lo que tiene que ver con el medio ambiente y la salud. Como toda nueva demanda es negocio, algunos profesionales del marketing han encontrado un filón.
Una consultora canadiense, “TerraChoice”, que presta servicios de marketing ambiental, elabora un informe anual sobre un fenómeno llamado “Greenwashing”. En otras palabras, denuncia las técnicas del marketing común para vestir de ecológicos a empresas, productos y servicios que no lo son en absoluto. Las técnicas denunciadas en el informe, etiquetadas como los “siete pecados capitales del marketing sostenible”, van desde la desinformación más o menos deliberada, hasta el simple engaño.
La técnica más común es no informar del impacto ambiental total y oculto del producto. El caso mas significativo es el de los pantalones vaqueros. El nuevo atributo verde para este producto es el “Denim” ecológico es decir, teóricamente respetuoso con el medio ambiente. De lo que la etiqueta no informa es de que un vaquero de algodón, ecológico o no, necesita consumir once mil litros de agua desde que es una planta de algodón en la India o Egipto hasta que se convierte en residuo en Londres, Berlín o Nueva York. Tampoco informa de que las emisiones de CO2 a lo largo de toda su vida útil de ronda los 33 kilos o que gran parte del agua consumida ha sido extraída en países con déficits hídricos crónicos.
Otra forma de “eco lavado” es otorgar al producto atributos “verdes” confusos y sin información complementaria. Conceptos como “Natural”, “Bio” o “Eco” inducen a una deliberada confusión. Así ciertos “productos milagro” asocian ecológico con saludable lo cual no es siempre cierto. Tal es el caso de todos los productos derivados de la soja que cuyo cultivo extensivo y orientado a la exportación genera importantes impactos económicos, ambientales y sociales en los países productores. El caso extremo es simple y llanamente la falsificación, en origen, de etiquetas certificadas. Es el caso de marcas blancas importadas de países con legislaciones alimentarias y de consumo muy laxas.
Los productos más proclives a estas técnicas fraudulentas son precisamente aquellos productos en los que dichas cualidades son más valoradas por el consumidor pero también los que pueden producir más daños; juguetes, alimentos, especialmente infantiles y cosméticos.
Finalmente el peor de los pecados del “grennwashing” es el vulnerar la regla de oro del marketing sostenible: No hay producto ecológico o sostenible si la empresa que lo produce no lo es.
